Ritual

20:17 Gloria Martínez Villamandos 0 Comments



Era una especie de ritual. Ella leía en la cama. O escribía en la cama. Estaba en la cama, tendida, levemente incorporada sobre la almohada. Se quedaba allí sola, con la luz de la lámpara encendida. Se le iba escurriendo el cuerpo, sábanas abajo, hasta que el borde de las mantas le rozaba el de los párpados. Entonces soltaba el libro, o el cuaderno, o el lápiz, y se arrastraba perezosamente a un lado de la cama, hasta la pared. Se tapaba hasta la barbilla, con los brazos pegados al cuerpo y las piernas estiradas. Entonces decía en voz alta que ya estaba lista. Cuatro segundos después aparecía él por la puerta, y al verla, con las sábanas por las orejas, sonreía. Siempre sonreía.

Él no le decía qué estaba haciendo, y ella nunca preguntaba. Dejaba que él la arropara, metiendo los pliegues de las sábanas firmemente bajo su peso y estirando las mantas a sus pies. Cuando terminaba le daba un beso en los labios y las buenas noches. Al salir no cerraba del todo la puerta, para no hacer ruido, y la dejaba dormir.


Era una especia de ritual, y lo llevaban a cabo cada noche. Cada noche, sin excepción, desde que él había muerto. 

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